Medio Ambiente – Propuestas

Los riesgos que se están generando en nuestro planeta, tales como el agotamiento de los recursos naturales derivado del uso no sustentable, las emisiones a la atmósfera, la contaminación de agua, así como el deterioro de suelos, bosques y diversidad biológica han provocado entre otras cosas el cambio climático. Es por ello, que surge el movimiento mundial para conservar el medio ambiente.

Las relaciones particulares que tienen determinados grupos de mujeres con el medio ambiente dependen de los estilos de vida, de la localización espacial, de la estructura social y de la interconexión de los sistemas de género, clase y etnicidad; además existen diferencias a lo largo del ciclo de vida de las propias mujeres.

Esto se suma al tipo de relación que tienen con los varones de su núcleo familiar y los patrones de división de tareas y de adopción de decisiones al interior de las unidades domésticas, todo lo cual determina en gran medida las prácticas de acceso, uso, propiedad y control de los recursos.

A su vez, la perspectiva de sustentabilidad y medio ambiente, sitúa las relaciones de género en el contexto concreto de países y regiones, teniendo en cuenta la economía política del desarrollo, la manera como éste influye sobre el sistema de género y el medio ambiente, otorgando especial interés al hecho de que los efectos negativos del deterioro ambiental recaen preponderantemente sobre las mujeres pobres.

Las diferencias por género en el acceso y control sobre los recursos, tiene importantes implicaciones en lo que se refiere a los incentivos y las oportunidades para realizar un manejo ambiental sustentable, y por ende para la construcción de procesos sociales de sustentabilidad. (1)

Relación entre el género y el medio ambiente

Para entender la desigualdad de género, así como las relaciones que establecen mujeres y hombres con la naturaleza, es necesario analizar el acceso, uso y control de los recursos y los beneficios que se derivan de ellos. “Los derechos de propiedad, o la ausencia de los mismos, pueden considerarse como factores mediatizadores en las relaciones ambientales de mujeres y hombres” (2).

Las desigualdades sociales, y en particular las producidas por las asimetrías de género, ya no se consideran simples secuelas o fallas de las políticas de desarrollo que sólo requieren atención secundaria, sino parte de las causas estructurales de la pobreza y del reparto inequitativo de la riqueza, además de un obstáculo para la construcción de esquemas de producción y consumo tendientes a lograr una vida digna y sustentable para las mujeres y los hombres de nuestro país.

La articulación género y medio ambiente tiene poca importancia en la formulación de los planes, políticas y programas de las instituciones públicas y se mantiene como un asunto lateral de las políticas de desarrollo.

En algunos casos se ha apelado al rol de la mujer como soporte ambiental y educadoras ambientales, valorando sus aportes derivados de los roles que desempeñan sin contrarrestar su situación desventajosa producto del sistema de género dominante. En otros casos se les considera un recurso económico o una variable demográfica. Desde otras posiciones se les coloca como víctimas y por lo tanto como potenciales salvadoras a partir de múltiples tareas que cumplen empleando los recursos naturales y su vinculación con la pobreza.

Desde la corriente del enfoque de género y medio ambiente, se considera a la construcción de género como uno de los agentes intermediadores de las relaciones entre las mujeres y los varones con el medio ambiente. A partir del concepto de género se produce un profundo cambio en la delimitación del objeto, ya no se habla sólo de las mujeres sino de las relaciones sociales que éstas establecen y del sistema de poder en el que están insertas.

Por lo tanto, las relaciones diferenciadas de hombres y mujeres con la naturaleza son socialmente construidas, es decir, determinadas por la cultura y derivadas de su rol en la sociedad. Los hogares, rurales y urbanos, se han convertido en unidades de producción de bienes y servicios, manejadas principalmente por las mujeres, a las que es imprescindible poner atención. Las posibilidades de empoderamiento de las mujeres y de evolución para constituirse en sujetos sociales, difícilmente pueden ser realizables en tanto no se modifique la visión sobre su papel en la sociedad y persista su limitado acceso al poder, a los recursos y, en general, a los medios de producción.

La pérdida de la biodiversidad es uno de los problemas ambientales más serios para Venezuela. Las causas esenciales se encuentran arraigadas en nuestra forma de vida, principalmente en el crecimiento desmedido de la población humana, el cambio de uso de suelo, el crecimiento de la infraestructura carretera, incendios forestales, especies invasoras, cambio climático global, extensión de los ecosistemas terrestres, especies terrestres mexicanas en riesgo.

Las mujeres participan como un factor clave en los procesos que son reconocidos como agentes intermediarios de la relación entre desarrollo sustentable y medio ambiente tales como el crecimiento de la población, la migración, la organización familiar del trabajo, los patrones de producción y de consumo y la desigual distribución del poder económico, político y tecnológico. Desde esta corriente su participación no sólo está caracterizada por su lugar de “víctimas” de los cambios ambientales dada la vulnerabilidad diferencial de varones y mujeres a los impactos negativos de estos cambios, sino también como conocedoras, usuarias y consumidoras de los recursos naturales, así como sujetos de experiencia y creatividad en el trabajo comunitario, y por lo tanto en su carácter de propositoras de mecanismos que conduzcan a la sustentabilidad.

Por lo tanto, se propone que el factor de género no sólo debe tenerse en cuenta al planificar el manejo de los recursos ambientales a nivel local, sino también en relación con las tendencias globales y cómo éstas inciden en la situación social de las mujeres y de los varones. Asimismo, el análisis de género contribuye a la interpretación de los cambios que van surgiendo en las relaciones género-medio ambiente, de acuerdo a los procesos económicos y políticos que se van gestando y a las negociaciones y consensos que se establecen.

[1] Nieves Rico, María. “Género, Medio Ambiente y Sustentabilidad del Desarrollo”. Serie Mujer y Desarrollo No. 25. CEPAL. Octubre 1998. Santiago de Chile.

[2] Mujer y Medio Ambiente A.C. Género y Sustentabilidad: Reporte de la Situación Actual, Inmujeres, México.

Propuestas:

  1. Exigir al gobierno nacional y a los gobiernos locales tanto estatales como municipales la aplicación de las normas jurídicas internas y de las obligaciones contraídas por Venezuela como país signatario de Tratados y Convenios sobre el Medio Ambiente, referentes al acceso y calidad del agua potable como un DDHH, respeto al medio ambiente en las áreas de explotación petrolera y minera (Arco Minero).
  2. Desarrollar un plan de formación educativa ambiental que se aplique en todos los niveles de educación: inicial, básica, media diversificada y universitaria, incluyendo la formación comunitaria y la sindical laboral a fin de promover un cambio cultural de mayor sensibilidad y responsabilidad con la naturaleza y el medio ambiente, formando ciudadanos ecológicos.
  3. Promover valores ecológicos en la ciudadanía a través de mensajes institucionales con participación del sistema de medios de comunicación públicos y privados, que sensibilicen y eduquen sobre la importancia de cuidar la naturaleza y el medio ambiente, promoviendo el uso racional de los recursos naturales, la importancia del reciclaje, participación activa como ciudadanos para evitar los diferentes tipos de contaminación que dañan el medio ambiente, entre otros temas o aspectos.

Coordinadora y Relatora: Maleisi Nuñez (Mujer y ciudadanía)

Integrantes de la mesa de trabajo:

Maleisi Núñez (Mujer y Ciudadanía)

Ligia Monsalve (Así Venezuela)

Elsie Picott (Médicos Unidos)

Gruseiby López (SINPRUEME)